Siria. (Lindon Sanmartín Rodríguez).- El exdictador sirio fue sentenciado en ausencia por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la guerra. Su hermano Maher al-Assad y su primo Atef Najib también recibieron la pena capital.
Un tribunal sirio condenó este martes a Bashar al-Assad a pena de muerte en ausencia por crímenes de lesa humanidad cometidos durante los años de gobierno de su régimen y, especialmente, durante la guerra que devastó Siria durante casi 14 años. La sentencia incluye cargos por asesinatos premeditados, torturas y detenciones arbitrarias.
El fallo constituye la primera condena judicial contra el antiguo presidente sirio después de la caída de su régimen en diciembre de 2024. Assad abandonó el país tras la ofensiva de grupos rebeldes que culminó con la entrada de fuerzas opositoras en Damasco y posteriormente recibió asilo en Rusia.
La guerra siria dejó alrededor de medio millón de muertos y provocó el desplazamiento de millones de personas. La sentencia se produce en un contexto de transición política en el que las nuevas autoridades buscan procesar a responsables de graves violaciones cometidas durante el antiguo régimen.
Maher al-Assad y Atef Najib también fueron condenados
El tribunal también impuso la pena de muerte a Maher al-Assad, hermano menor de Bashar, y a Atef Najib, primo del antiguo presidente y exresponsable de Seguridad Política en Daraa.
Najib fue el único de los principales acusados que compareció físicamente ante el tribunal. Durante la audiencia permaneció bajo estrictas medidas de seguridad y vestido con uniforme de preso mientras se daba lectura al fallo.
El tribunal lo responsabilizó de graves violaciones contra civiles, entre ellas asesinatos, torturas y detenciones arbitrarias. La sentencia también señaló la ejecución intencionada de menores de 15 años y torturas que provocaron muertes.
Najib había dirigido la rama de Seguridad Política en Daraa durante los primeros meses de las protestas de 2011. Su actuación en la represión de las movilizaciones convirtió a esa provincia del sur del país en uno de los principales escenarios de la respuesta del régimen contra los manifestantes.
La represión de Daraa marcó el inicio de la guerra
Las protestas de Daraa en 2011 se convirtieron en uno de los puntos de partida de la insurrección que posteriormente desembocó en la guerra civil siria.
Las manifestaciones comenzaron en el contexto de la Primavera Árabe y fueron reprimidas por las fuerzas de seguridad del régimen. Las acusaciones contra Najib están vinculadas precisamente con su papel al frente del aparato de seguridad de la provincia durante ese periodo.
El proceso judicial contra Najib comenzó formalmente en abril de 2026 ante el Cuarto Tribunal Penal de Damasco. En las primeras sesiones, Bashar al-Assad, Maher al-Assad y otros antiguos responsables del régimen fueron procesados en ausencia.
Bashar al-Assad permanece en Rusia
Bashar y Maher al-Assad no estuvieron presentes durante el juicio. Ambos abandonaron Siria después de la caída del régimen y se encuentran en Rusia, país que les concedió asilo.
La condena, por tanto, tiene por ahora un alcance principalmente judicial y político, ya que las autoridades sirias tendrían que conseguir que Rusia entregue al antiguo mandatario para hacer efectiva la sentencia. Fuentes internacionales señalan precisamente la dificultad de una eventual extradición.
La situación supone uno de los principales desafíos para el nuevo proceso de justicia transicional de Siria: determinar responsabilidades por las violaciones cometidas durante décadas de gobierno de la familia Assad y, al mismo tiempo, garantizar procedimientos judiciales que cumplan estándares de debido proceso.
Una sentencia histórica para la transición siria
La condena representa un momento de enorme carga simbólica para las víctimas del antiguo régimen y para un país que intenta avanzar hacia una nueva etapa política después de años de conflicto.
La justicia transicional se ha convertido en uno de los ejes centrales del periodo posterior a la caída de Assad. Las nuevas autoridades han comenzado a llevar ante los tribunales a antiguos funcionarios acusados de asesinatos, torturas, desapariciones y otras violaciones contra civiles.
El fallo contra Bashar al-Assad, Maher al-Assad y Atef Najib constituye hasta ahora uno de los episodios más relevantes de ese proceso. Sin embargo, también abre interrogantes sobre la posibilidad de ejecutar las condenas contra los acusados que permanecen fuera de Siria y sobre el futuro de la justicia para las víctimas de la guerra.
Para millones de sirios afectados por el conflicto, la sentencia supone el reconocimiento judicial de algunas de las responsabilidades atribuidas al antiguo aparato de poder. Para las nuevas autoridades, representa además una prueba sobre su capacidad para construir un sistema de justicia que permita afrontar el legado de décadas de represión.

