Patricio Valdivieso Espinosa
pavevaldivieso@hotmail.com
Pan y circo utilizaban los emperadores romanos para calmar al pueblo y tenerlo entretenido; con esos juegos se escabullían de la responsabilidad que tenían frente al desarrollo de la población que gobernaban; los hacían olvidarse de los verdaderos problemas, engañándolos con falsas diversiones para que se resbalen sus sueños. Algo similar pasa en nuestros tiempos, intentan ocultar la incapacidad para resolver los problemas más acuciantes de los lojanos, como: la falta de trabajo, el apoyo a los emprendimientos, la prestación adecuada de los servicios básicos y otros, que ahora son simulados con la propuesta de un tobogán.
Sin duda, si el tobogán es de los buenos, permitirá que las coimas bajen super rápido, ojalá asimismo lograra que el tiempo de la ineficiencia no ande, que vuele. Por ahora, se frotan las manos los más cercanos, y ya están pensando en cómo utilizarlo: saben que, si se botan de espaldas, incluso pueden seguir dormidos y bajar descansando; y, si se botan de frente, seguirán con la cabeza gacha e inconscientes, sin tener la capacidad para ver al pueblo a los ojos.
Seguro, continuarán disfrazando su ineficiencia, embaucando a la gente con trivialidades, esperando que el entretenimiento aplaque los justos reclamos; pues, los lojanos necesitan disipar sus penas, olvidándose de los problemas económicos y el atraso al que nos han sometido. Por eso: si en su barrio le falta asfalto, no se haga problema, puede esperar un tour en el tobogán; si las adjudicatarias de los mercados no venden por la competencia desleal de los informales amigos del alcalde, coja cupo para vender en las afueras del tobogán, ahí se armará el desorden con «nuevos emprendimientos». Si falta el agua potable en su sector, seguro perdonará la mala administración, porque la distracción le permitirá olvidarse del enfado e impotencia que siente, por el mal manejo de los ineficientes.
Si quiere alinearse para subir al tobogán, siga los pasos cual mayoría del Cabildo, baje la cabeza y disfrute de las mieles del poder, porque el jerarca sostiene con evidente e incuestionable prepotencia, que: si quieren ser tomados en cuenta, primero se alineen para que sean parte de su hacienda. Sin embargo, al parecer, para asegurarse que el negocio del tobogán funcione, el contratista pinta ser foráneo, igual como sucedió, con el plan maestro de agua potable o las fotomultas, asegurándose que las utilidades
sean repartidas de mejor manera y sin testigos en el extranjero, como si fuera un botín, al fin y al cabo, los contratistas lojanos nunca reclaman y se conforman con bagatelas.
Los resbalosos que circundan el ayuntamiento, ya no hablarán sólo de las baldosas compradas como retazos, ahora tendrán tobogán, se encargarán de las obras menores, contentándose con la subcontratación. En fin, el circo politiquero toma su repunte, y se desnuda de cuerpo entero. ¿Qué tiempo durará la diversión? ¿hasta cuándo se esconderán los problemas reales de nuestro pueblo? ¿Qué tendrá que suceder, para que la gente reaccione y exija a sus gobernantes: capacidad, decencia y honestidad? Nada de esto, lo arregla un tobogán.

