Quito.- (@srradioEc).- El empleo informal se mantiene como uno de los problemas sociales más latentes en la población ecuatoriana, donde más del 60% de la población trabajadora está inserta en la economía informal. Adicionalmente, según estadísticas de CEDLAS y el Banco Mundial, en el Ecuador, el 66,8% de las mujeres tenían un empleo informal en el 2018, haciendo aún más palpable la brecha de género en el ámbito laboral.
A pesar de estos datos, la relación entre el empleo informal y la salud sigue siendo una de las condiciones de empleo menos estudiadas, aunque en varios países de la región, diferentes estudios muestran que este porcentaje de la población tiene una mayor probabilidad de presentar problemas de salud, sobretodo en salud mental.
Frente a esta problemática, un grupo internacional de investigadores liderados por Pamela Merino, docente – investigadora de la Facultad de Ciencias del Trabajo y Comportamiento Humano de la Universidad Internacional SEK Ecuador, desarrollaron una investigación con el objetivo de analizar las desigualdades de género con relación al empleo informal y la depresión.
Los resultados muestran una prevalencia de depresión significativamente mayor en las personas que tienen un empleo informal y resalta la enorme brecha de género existente en el país. Según Merino, quien presentó esta investigación en el XIII Congreso Iberoamericano de Ciencia, Género y Tecnología organizado por la CIESPAL, aproximadamente el 30% de mujeres que trabajan informalmente presentan rasgos de depresión, a diferencia de los hombres quienes sólo ascienden hasta el 17% aproximadamente.
Para la investigadora, es imprescindible reconocer al empleo informal como un problema estructural que debe ser abordado desde las políticas públicas de empleo, así como de salud. Esta problemática tiene una significativa influencia en la calidad de vida de la población y el ámbito laboral, ya que se relacionan con un peor desempeño y menor productividad, por lo que representan un enorme impacto social y económico.
La UISEK busca crear conciencia en la sociedad a través de la investigación sobre este tema y brindar, tanto a los profesionales en salud ocupacional como a los decisores en políticas públicas de salud y trabajo, una mayor comprensión de esta problemática, siendo pionera en el campo de la salud y seguridad ocupacional a través de sus programas tanto de pregrado y posgrado. Merino resaltó la importancia de trabajar para fortalecer políticas públicas que nos permitan acercarnos al objetivo 8 de la Agenda 2030 sobre el Desarrollo Sostenible de la ONU que establece “promover el crecimiento económico inclusivo y sostenible, el empleo y el trabajo decente para todos”.

