Quito.- (Diario HOY).- El viernes, 2 500 verificadores se instalarán en el local de Cemexpo para revisar la totalidad de las firmas.
En el Consejo Nacional Electoral (CNE), las colas de ciudadanos que denuncian su afiliación fraudulenta a algún partido político son, literalmente, interminables: empiezan a las nueve de la mañana y se renuevan sin parar, hasta el fin de la jornada. El papeleo es rápido pero constituye apenas el 50 por ciento del trámite (el resto se cumple en la Fiscalía) y los rostros en la cola son, invariablemente, de enojo.
Grupos de personas contratadas para el proceso de verificación de firmas aguardan en los patios. Los han llamado para charlas de capacitación y esperan instrucciones. Un puñado de periodistas monta guardia pero a las 10 de la mañana ningún consejero ha llegado aún. Es obvio: nadie hablará hasta que lo haga Rafael Correa.
Ocurrirá en la sede de su partido. La convocatoria fue tardía: apenas la noche anterior empezó a circular por las redes sociales, pero bastó para reunir a un par de cientos de partidarios y a periodistas de todos los medios frente al parque La Carolina.
Video por RTVEcuador
Adentro, daba la impresión de que no faltaba nadie. Junto a Lenín Moreno, que llegó temprano, había asambleístas (Velasco, de la Cruz, Calle, Andino), ministros (Patiño, Carvajal, Tola, Soliz, Serrano, Ponce…) y funcionarios (Falconí, Baroja, Alvarados…), proyectando todos una imagen de unidad del partido de Gobierno reservada sólo para los casos especiales: los cinco años de la revolución, el juicio contra El Universo.
Ahí, en la planta baja, junto a un baño extremadamente maloliente, habló Correa como ciudadano, dijo, no como Presidente, y no aportó nada nuevo con respecto a su última sabatina: que la falsificación de firmas era una inmoralidad monstruosa de la partidocracia; que «claramente los culpables son esas mafias que contrataron empresas falsificadoras»; que apoya la decisión del CNE de revisar el 100% de las firmas aunque no está de acuerdo «con un nuevo plazo para los tramposos»… Y declaró una vigilia permanente (los aplausos llegaron desde la calle) hasta el 22 de septiembre.
A su lado, Galo Mora, director de AP, acompañaba con su rostro todas sus palabras: le festejaba los chistes, se escandalizaba de sus denuncias, compartía su indignación moral cuando había que hacerlo…
A la asambleísta de Pachakutik Lourdes Tibán dedicó Correa sus más venenosos dardos. Reprodujo un video en que se la escucha hablando de las empresas que ofrecen firmas a cambio de dinero y, con el presidente del Legislativo, Fernando Cordero, sentado impávido atrás de él, dijo lo que la Asamblea debe hacer con Tibán: aplicarle el código de ética, «si es que existe».
Terminaba Correa en la sede de su partido y, diez minutos después, empezaba la rueda de prensa del CNE en su auditorio. La consejera Nubia Villacís fue la única que llegó para dar la cara. «Don Domingo (Paredes) dice que no quiere hablar», insistía un funcionario.
Villacís informó que 2.500 verificadores se instalarán en Cemexpo, «posiblemente el viernes», para revisar la totalidad de las firmas. Pero cuando se le pidió especificar los nuevos plazos (esos que a Correa le disgustan tanto, porque benefician a «los tramposos») se escabulló por las ramas. Así, la jornada se cerró con menos certezas de cómo había empezado. (RA)
