(Por. Colprensa).- Rubén Blades es el único tipo en el mundo que es capaz de convertir una crónica en canción, y una noticia cotidiana en legítima salsa. Pero no solo eso: sus cuentos cortos son como disparos de imaginación en los que construye una escena dejando para el final el hecho sorpresivo e inesperado para que el lector arme la trama. Al llegar al homenaje, premio y Festival Gabriel García Márquez en Medellín, bastó que su sombrero negro se asomara a ras de la puerta para que la gente supiera que era el aunque no le vieran la cara. Lo reconocen de perfil y de lado y de espaldas no solo por la manera de caminar, sino por el gesto Caribe con que se desenvuelve.
Y si se queda callado también es reconocible porque sus ojos sueltan un brillo de vivacidad y curiosidad inagotable. Oyéndolo ahora leer su propio cuento-canción que se titula con las iniciales G.D.B.D (gente despierta bajo dictadura) ante la magnifica conversación con el cronista Alberto Salcedo Ramos que cerró con broche de oro tres días intensos de fiesta cultural en torno a Gabo, pienso que estamos ante un músico con las virtudes naturales de un narrador de cuentos de ficción, novelas y un narrador de crónicas.
La manera como Blades describe las situaciones como el ojo cinematográfico de un escritor nato: «Tu mujer abre los ojos. Mira la hora. Lo apaga. Se levanta, de su lado de la cama. Cada uno tiene su lado de la cama. Cada uno tiene su lado en todo».
A sus 66 años Rubén Blades, un ser de una vitalidad y una calidez contagiosa, una inteligencia múltiple que lo hace pensar como compositor, escritor o actor, considera que no es posible un cantautor, un intelectual o un artista que no tenga vivo el sentido de la curiosidad. Sin curiosidad no hay mundo posible para ningún artista.
En Hay Festival de Cartagena 2011 reveló que tenía el proyecto de hacer un libro con una serie de cuentos. Blades pone cara de perplejidad cuando le recuerdan que Gabo dijo que hubiera querido escribir la letra de su célebre canción Pedro Navaja. Es que tiene la virtud de poner en duda hasta sus propios recuerdos para no ufanarse de nada, pero vuelve a creerlo cuando le muestran la declaración del amigo. Lo cierto es que entre los dos surgió una amistad creativa que Blades compartió en su dialogo en Medellín.
Se refiere a Gabo como a Gabriel y extraña al amigo a quien lo sorprendía con una llamada o una visita o una provocación imaginativa como cuando le propuso escribir un proyecto juntos. Y el obstinado le decía: «No vamos a terminar nunca». La decisión fue escribir un cuento y musicalizarlo. Y hacer un trabajo musical con los primeros cuentos de Gabo, que según Blades, le gustó muchísimo a él, mientras los salseros le dieron una paliza a Blades. «A Gabo le gustó», tuvo que decirle a los incrédulos, y los incrédulos le reclamaron con soberbia: ¿Y qué sabe Gabo de eso?
Recordó a Gabo como un ser excepcional con un sentido del humor y unas ocurrencias inolvidables que planteaban otra perspectiva de la realidad. «El humor es necesario. No veo como puede funcionar la vida sin humor. Es necesario para la inteligencia emocional y espiritual», pero aun los latinoamericanos no han aprendido a reírse de si mismos. Una de las sorpresas verbales y reflexivas de Blades que sorprendió a la audiencia fue cuando dijo que «a mí me gusta la esperanza invencible del que ha sido perdedor» y habló que el mundo sería mejor si se le da oportunidad a la gente que no la ha tenido o la ha perdido. Desmintió la creencia de que alguien se corrompa con el poder. «El poder desenmascara. No es que se vuelva malo alguien que llega al poder. Debía ser malo antes. ¿Quién puso allí a los políticos corruptos? Un problema serio es un reflejo de la descomposición o composición de un país».
En la actualidad Blades está componiendo la canción «En esa casa» sobre la violencia domestica que ha crecido de manera terrible e increíble en los Estados Unidos y América Latina, pero confiesa que el peligro es no ser obvio y encontrar un nuevo enfoque a este drama. Está releyendo todas sus composiciones desde que empezó a sus dieciocho años hasta ahora, para encontrar una conexión de conjunto entre ellas. Y está releyendo las novelas de William Faulkner en cuyas líneas se ha reencontrado con instantes comunes con el universo de Gabo. Muchos de sus personajes de sus canciones se le aparecen en sus sueños y le reclaman por el destino que él les concibió. Y se toma la licencia de revivir a Pedro Navaja en otra canción para «fregarle la paciencia» a alguien que quería llevar la canción al cine sin reconocer que «ese personaje es mío». Y le ocurre en las canciones lo mismo que en el cine. Los directores son tan complejos y diversos que uno de ellos lo motivó de manera absurda: Dale duro al otro. Piensa que ese
mató a Blancanieves.
Ahora el auditorio está lleno y él se burla al decir: «Se ve que es gratis: mucha gente». Y descubre que hay gente en el segundo piso y en la calle viéndolo en una pantalla gigante.
Una canción puede ser una crónica o un cuento de tres minutos con música. O algo más. Y en medio de la multitud que lo abruma hay más de siete que le recuerdan cuándo va a volver a Cartagena. Y Blades promete volver para marzo en el Festival de Cine de Cartagena y en septiembre nuevamente para el Festival Gabriel García Márquez 2015 que organiza la Fundación Gabriel García Márquez para un Nuevo Periodismo Iberoamericano que dirige Jaime Abello, y el apoyo decisivo y fervoroso de la Alcaldía de Medellín que ya ha contemplado el nombre de Gabriel García Márquez para un parque y una biblioteca en Medellín.
Debajo del sombrero negro de Blades brillan los ojos vivaces y sedientos de un hombre a ritmo de salsa.

