Colada morada… más que tradición

Alrededor de 100 personas se dedican a la elaboración y venta de la colada morada.

Loja.- (Diario CENTINELA).- Desde el último domingo se puede observar en la plaza de San Sebastián distintos puestos ofreciendo la colada morada, el morocho y las guaguas de pan.

María Edith Poma prepara la colada morada desde los 22 años. Ella comenta que era una de las vendedoras más muchachitas y que en ese entonces ubicaban sus puestos en el portal de la Iglesia Catedral; solo eran ocho personas las que trabajaban.

Recuerda con añoranza a las personas que formaron parte del grupo de entonces como la señora Lucinda, la señora Ruiz y otras más, que por edad han ido abandonando la tradición.

María Edith Poma lleva 27 años vendiendo la colada morada y lo hará hasta que Dios lo permita. Inició junto a una prima. En aquellos tiempos no era la colada morada si no el champú de mote, pero la colada tuvo más acogida y se convirtió en una tradición por ser bebida en el día de los difuntos.

“Aun preguntan por el champú de mote, pero ya no se avanza hacer las tres cosas (la colada, el morocho y el champú), porque la elaboración de la colada es bien complicada, hay que cocinarla bien para que no haga daño y gracias a mis clientes yo sigo en pie”, indicó.

Leonor Medina es otra vendedora que ya tiene 23 años de historia. Para ella se ha convertido más que trabajo en una tradición el salir con sus compañeras a ofrecer a la ciudadanía el sabor de su colada morada.

Empieza su día a las tres de la mañana. Pone al fuego una olla grande con agua y espera a que empiece a hervir, luego va colocando cada uno de los ingredientes que forman parte de la colada, revolviendo a cada instante, finalmente arregla sus ollas de morocho y colada para dirigirse a San Sebastián y desde las 06:30 espera la llegada de sus clientes. Los hace hasta las 21:00.

Nueva generación

Y no hay que dejar de lado los rostros jóvenes como Sonia Conza. Lo hizo por iniciativa propia, tiene 24 años y piensa seguir.

Recuerda que al ser nueva, no sabía cómo era el asunto. El primer año paseaba con las mesas de un lado a otro, se le olvidaba los utensilios para la venta, pero ahora se ríe al darse cuenta de que eran cosas simples, pero por el mismo hecho de ser nueva no conocía y se le hacía difícil.

Al pasar por los puestos no nos damos cuenta que estos tienen historia, que cada persona tras esas mesas han estado ahí, su rostro ha ido envejeciendo, pero cada año están presentes y también hay rostros nuevos que escriben su historia dentro de esta tradición.

Related Posts