DE REGRESO A CLASES: UNA LOCURA

Patricio Valdivieso Espinosa
pavevaldivieso@hotmail.com

La pandemia ha cobrado la vida de muchas personas, aun cuando se ha intentado regular de diversas formas: el distanciamiento social, el uso de mascarilla y la utilización de alcohol; seguramente su incumplimiento en mercados, ferias libres, transporte público, canchas, bares, discotecas y otros eventos similares donde es inevitable la masificación de personas, ha causado el contagio masivo, del cual no se han salvado ni los médicos que enfrentaron la pandemia en primera línea, con sumo cuidado. Sin embargo, absurdamente el ministerio de educación, viene planteando la idea de volver físicamente a retomar la asistencia a clases en escuelas y colegios, teniendo como argumento displicente, que quienes regresen, lo harán sólo bajo la autorización de sus padres.

Sólo a quienes anteponen la ineficacia de sus decisiones, frente al cuidado de nuestros niños y jóvenes, se les puede ocurrir, pensar en retornar a clase presenciales, poniendo en altísimo riesgo a los estudiantes y profesores. Si se habla de que la vacuna será colocada mediante un plan en el que el gobierno prioriza ciertos sectores vulnerables, lo lógico sería, que se regrese físicamente a las aulas, únicamente cuando se ordene que, el primer día de clases sea utilizado para vacunar en cada escuela o colegio, en orden de edad. Regresar a clases sin vacuna, no será nunca una buena decisión, así se tomen como medidas: la asistencia alternativa por grados o paralelos; la entrada, salida o recreos diferenciados. Es casi imposible, considerando como funciona nuestro sistema educativo, con paralelos de 30, 40 o más alumnos, evitar los saludos físicos o el contacto en aulas cerradas.

Es cierto que los chicos: han perdido oportunidades con los nuevos métodos de enseñanza virtuales aplicados; que los profesores han redoblado esfuerzos y aun así el acompañamiento no ha sido perfecto; que no se les ha dotado en lo público de las herramientas indispensables; que la ayuda en casa no ha sido la más adecuada; pero nuestros hijos no han corrido altos riesgos, están vivos, están sanos. También es incuestionable que, en la mayoría de los casos, han logrado alcanzar responsabilidad, independencia y autonomía, aprendiendo a potenciar una modalidad moderna de enseñanza, que debe servir como el inicio de un sistema contemporáneo, que puliéndolo nos puede propiciar buenos y grandes resultados.

En definitiva, como están las cosas, los riesgos que trae el aplicar un modelo alternativo, para fraguar un retorno gradual, combinando el trabajo académico progresivo entre lo físico y lo virtual, aun implementando elementos de bioseguridad que reduzcan el peligro, también crea más incertidumbres que certezas, cuya inseguridad nos pone al filo de la navaja, marcados de impotencia al sentir que los estaríamos enviando a un suicidio colectivo. Ya hemos sacrificado los estudios nueve meses, porqué aventurarnos y arriesgar un contagio masivo imperdonable; cuidemos de nuestros hijos. Pasada la pandemia tendrán que redoblar esfuerzos, recuperar clases y sacrificar vacaciones; por ahora, lo más justo, lo más sensato, es continuar con las clases virtuales.

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