Washington. (Pablo Sanmartín Rodríguez).- La ofensiva militar de Estados Unidos contra capacidades estratégicas de Irán en el estrecho de Ormuz redefine el equilibrio geopolítico en uno de los corredores energéticos más críticos del mundo.
Desde una perspectiva estratégica, el debilitamiento de sistemas antibuque, radares y plataformas de lanzamiento reduce la capacidad de Irán de ejercer control asimétrico sobre el tránsito marítimo. Esto impacta directamente en su capacidad de disuasión frente a potencias occidentales.
En el plano económico, cualquier alteración en Ormuz tiene efectos inmediatos sobre el mercado energético global. Al concentrar aproximadamente el 20% del flujo mundial de petróleo, la interrupción parcial del tránsito eleva los costos logísticos, incrementa la prima de riesgo geopolítico y presiona al alza los precios del crudo.
El conflicto también evidencia la vulnerabilidad de economías altamente dependientes del suministro energético del Golfo Pérsico, como Japón y Corea del Sur, lo que explica la presión diplomática de Donald Trump para una mayor implicación internacional.
Desde el punto de vista militar, la afirmación de haber neutralizado más de 8.000 objetivos y 130 embarcaciones sugiere una campaña de alta intensidad orientada a lograr superioridad operativa en corto plazo. Sin embargo, este tipo de intervenciones también incrementa el riesgo de escalada regional.
Finalmente, el escenario plantea interrogantes sobre la estabilidad del comercio global, la seguridad energética y el rol de alianzas internacionales como la OTAN en la protección de rutas estratégicas.

