Patricio Valdivieso Espinosa
pavevaldivieso@hotmail.com
Dicen que: “Madurez es la habilidad de vivir en el mundo de otros”. Ahora, necesitamos incluso sensatez para acoplarnos a convivir con una pandemia que nos tiene amenazados de muerte y no podemos enfrentarla correctamente, sorpresivamente por el oscurantismo científico manipulado, que se niega a mostrar el antídoto. Mientras aparezca la vacuna, lo mínimo que podemos hacer, es entender que deberíamos adaptarnos a la disciplina que se plantea por parte de las autoridades, más allá de la evidente falta de liderazgo para enfrentar la crisis, donde: flotan temores en la toma de decisiones; brillan compromisos sesgados; y, muestran que tienen amigos en vez de asesores y directores en los puestos de confianza.
Cuando los gobernantes no encuentran la salida a los problemas, es momento de repensar las soluciones; y, queramos o no, nos toca volver a vivir como en el inicio de la humanidad, donde los más fuertes están obligados a cuidar y proteger a los más débiles: a nuestros niños, ancianos y grupos vulnerables en general. Debemos adaptar las condiciones de una vida austera junto a los nuestros, sin ser presa fácil de la esclavitud que engloban las cosas materiales, en donde entendamos que: sólo la disciplina nos salvará, que la indisciplina nos mata fácilmente; que la arrogancia y terquedad de ciertas autoridades, sigue permitiendo caos fuera de nuestros mercados, donde el ingrediente perfecto es el desorden; y, que la inercia, hace más daño que la ignorancia en nuestros pueblos.
A lo largo de la historia: la humanidad ha sobrevivido a varias plagas, virus o epidemias; y, las pandemias asesinas se registran con mayor intensidad en la segunda década de cada siglo; sin embargo, cabe recordar que, por encima de todos los casos, la necedad del faraón, hizo que Egipto, se enfrente a 7 plagas, no sólo a 1. Al parecer, la historia misteriosamente se repite, la necedad, nos está aniquilando severamente; y, nos preguntamos, si estos contagios extraños, que generan terribles enfermedades masivas, se propagan e incrementan rápidamente ¿por qué no nos quedamos en casa? O ¿por qué no se toman medidas más drásticas?
¿Acaso con nuestra conducta inadecuada, pretendemos caotizar más el problema? Qué vamos a decir en corto tiempo, si sobrevivimos por supuesto, cuando lloremos a nuestros muertos: que era difícil adaptarnos a las circunstancias; que jamás comprendimos que para hablar de alimentos, trabajo y de economía, primero tenemos que cuidar la salud y la vida. Si vemos que están en jaque los sistemas de salud de todo el mundo, acaso, estamos esperando que el nuestro colapse, para disputarnos las camas de un hospital. Por favor Reaccionemos, aún estamos a tiempo de ser parte de la solución y no del problema, porque el silencio y la indiferencia mata más gente. De la conducta de cada uno, depende el destino de todos, decía Carlo Magno. Si otros salen, por amor a nuestra familia, quedémonos en casa.
(@srradioEc).-

