Fernando Villavicencio no se entregará

sr.fernandovillavicencio(Por. Diario HOY).- ‘Estaré lejos de las manos de este Gobierno’

Fernando Villavicencio fue condenado por la jueza Lucy Blacio junto a Cléver Jiménez a un año y medio de cárcel y una multa. ¿Delito? Haber difamado, según ella, al Presidente. Él explica por qué no se entregará

Testimonio

‘Mi decisión es ser libre y estar lejos del poder, lejos del atropello, lejos de las manos de este Gobierno. No me someteré a una justicia que ha sido organizada desde el Ejecutivo, bajo un estado de excepción. Ese solo procedimiento la convierte en una caricatura. No me someto a una jueza que obtuvo 10 puntos y un puesto sospechosamente, fraudulentamente como diría su acusador Andrés Páez.

No me someto a una jueza que debía abstenerse de conocer el caso. No me someto a esa jueza que anuló uno de los más graves procesos de corrupción de este país. Un proceso en que el Fiscal General del Estado, Washington Pesántez, acusó de un perjuicio superior a $2 000 millones e inició un juicio penal, por peculado, en contra de 27 funcionarios y exfuncionarios. Ella los dejó en libertad y consumó este acto de impunidad en el caso Palo Azul, del cual he sido el principal acusador.

No me someto porque ella no tiene calidad moral para ponerme a mí multa por no haber asistido a una audiencia, si ella no ha asistido a decenas de audiencias a las que fue convocada cuando era fiscal por ser testigo en un caso de asesinato. Yo esperaré a que vengan tiempos mejores y creo que lo único que nos queda a los tres es acudir a instancias internacionales y así lo haremos para denunciar este enorme atropello.

Lo mío será un exilio o una clandestinidad. Pero estaré lejos de las manos del poder. Las tiranías se viven, se enriquecen, se alimentan de las cárceles y de los cementerios. No me voy a prestar para que el presidente Correa y su poder hagan fiesta. La persecución contra mi persona, contra el asambleísta Jiménez, es un intento para silenciar este amazonas de corrupción que hemos descubierto. Correa quiere acallar esas voces. Él quiere una sociedad como un cementerio.

No me voy a entregar. Jamás un ser humano digno puede auto eliminar su libertad. Esto tiene un enorme costo humano y económico para mí. Vivo de una remuneración que me paga el asambleísta Jiménez. Ni siquiera pude acceder a un puesto formal en la Asamblea. Con esa remuneración pequeña he tenido que mantener a un hogar de cinco miembros, con un niño de 10 meses. Mi esposa no tiene trabajo. Ese sí es un golpe terrible. Es lo peor que me pudieron haber hecho, porque no sé cómo resolverlo. Para ningún ciudadano en la clandestinidad o en el exilio es fácil conseguir un trabajo y poder sostener una familia. Si de eso quiere el Presidente hacer una bandera y sentirse orgulloso, pues puede sentirse orgulloso.

Pero el que la hace, la paga. Hay justicias. Hay una justicia terrenal, hay justicia personal, hay una justicia divina. Alguna de esas justicias operará.

Estos modelos falsos, fascistas, de seudo-socialismo del siglo XXI se están hundiendo y muy poco les queda. Este país despertará y las cosas cambiarán. Entonces ahí quiero ver a la jueza Lucy Blacio. Ellos están cometiendo un gravísimo error, están dejando al Estado con una responsabilidad terrible porque tendrá que responder por juicios de repetición.

El exilio es como volver a leer a Benedetti, a Neruda, a Roque Dalton; a los poetas de la revolución. Es un dolor enorme porque soy un hombre de izquierda. Aquellos que intentaban agredirme el día de la audiencia eran mis compañeros, aquellos que están manejando el Consejo de la Judicatura, eran mis compañeros. Con ellos cantábamos canciones de la Nueva Trova, recitábamos poesía y soñábamos con un mundo justo, distinto. Hoy ellos están del otro lado, están violentando mis derechos, le están quitando el pan a mi hijos.

Cuando uno escribe, investiga y hace política siempre piensa que te puede pasar esto. Pero jamás pensé que me iba a perseguir un Gobierno que levanta las banderas de la izquierda y de la defensa de los Derechos Humanos. Jamás me imaginé que el carcelero escuche a Silvio Rodríguez o cante a los Quilapayún, Pueblo Nuevo o los Inti-Illimani. Jamás me imaginé que el carcelero recite poemas de Lorca o de Benedetti. Eso es un gran dolor.

El exilio es muy difícil. He hablado, en particular, con alguno que sufrió lo mismo y que está recibiendo protección del Imperio como diría el Presidente. Me ha contado lo difícil que es para él conseguir un trabajo en un país tan distinto, donde no tienes amigos ni contactos y tienes que estar con toda tu familia. Yo quiero estar con mi familia, con mi hijo de 10 meses que es el más frágil. No tengo nada: un libro en venta y algunas facturas por cobrar, nada más. Un departamento que estoy pagando. Ese es mi patrimonio.

Lo que nos han hecho no tiene límites. El Presidente dijo un día, en una cadena al Fiscal, que declaren de maliciosa y temeraria la denuncia. A los 15 días, el fiscal Chiriboga, que es pariente, pidió a un conjuez, Richard Villagómez, que califique de maliciosa y temeraria nuestra denuncia. La jueza, basada en ese fallo írrito formalizó una querella penal en contra de los tres. ¿Quién es el abogado del Presidente? El doctor Caupolicán Ochoa. Les invito a que entren a la página web del Consejo de la Judicatura del Azuay y vean la decena de juicios que tiene este ciudadano. Es un hombre decorado de juicios.

En este caso hay un ensañamiento. Le escucho al Presidente decir miseria humana refiriéndose a Cléver Jiménez y a mí. Me ha dedicado 80 cadenas. A mí me da mucha pena eso porque los hijos aprenden de los padres. Les veo a los hijos del Presidente diciendo esas palabras y me da vergüenza. ¡Si eso aprenden de su padre!

Ecuador tiene instituciones decorativas y un Gobierno que arrasa todo, que consume todo. Eso se paga. Los más grandes dictadores del mundo, aunque viejitos, han pagado por lo que han hecho. Siempre se paga. Ahí hasta puedo ser medio religioso, pero todo se paga en esta vida.

Yo soy de esa izquierda que pone la ética por delante. Al final de mucho tiempo, uno acaba comprendiendo que si a la política y a los políticos no los conduce una escuela ética, están condenados a ir al mismo pantanal. Conozco gente de derecha que tiene las manos limpias y gente de izquierda las tiene sucias.

Soy de esa izquierda que cree que debe convencer. No comparto ni concibo una izquierda que impone y atropella. Creo en un modelo de vida distinto en el cual tenemos que ser mejores personas. Si vivimos cansados del atropello, si queremos cambiar la corrupción, el atraso, el grito, la violación de derechos, debemos querer un mundo distinto”. (Testimonio recogido por JH)

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