Al menos 3.428 manifestantes han muerto como consecuencia de la represión de las protestas en Irán, según informó este miércoles la organización no gubernamental Iran Human Rights (IHR), con sede en Noruega. La ONG indicó además que más de 10.000 personas han sido detenidas, aunque otras organizaciones elevan esa cifra hasta 18.000 arrestos.
De acuerdo con IHR, el incremento en el número verificado de víctimas responde a nueva información obtenida de los ministerios iraníes de Sanidad y Educación. La organización precisó que al menos 3.379 muertes ocurrieron durante el punto más álgido de las protestas, entre el 8 y el 12 de enero.
“Tras la matanza masiva de manifestantes en las calles en los últimos días, el poder judicial de la República Islámica amenaza ahora con ejecuciones a gran escala”, advirtió Mahmood Amiry-Moghaddam, director de IHR. Añadió que la comunidad internacional debe tomar estas amenazas con extrema seriedad, recordando que el régimen iraní cometió crímenes similares en la década de 1980 para mantenerse en el poder.
Las declaraciones se producen luego de que el jefe del Poder Judicial iraní, Gholamhossein Mohseni-Ejei, anunciara la realización de juicios rápidos y posibles ejecuciones contra los detenidos en las manifestaciones. En un video difundido por la televisión estatal, el magistrado sostuvo que “si queremos actuar, debemos hacerlo ahora”, advirtiendo que hacerlo más adelante no tendría el mismo impacto.
La situación ha elevado la tensión internacional. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reiteró que su país podría responder militarmente si continúan las muertes de manifestantes pacíficos. “Si hacen algo así, tomaremos medidas muy enérgicas”, afirmó en una entrevista televisiva, recordando que hace pocos meses fuerzas estadounidenses bombardearon instalaciones nucleares iraníes durante un conflicto iniciado por Israel.
Las protestas comenzaron el 28 de diciembre, inicialmente motivadas por el colapso de la moneda rial, en un contexto de profunda crisis económica agravada por sanciones internacionales, en parte vinculadas al programa nuclear iraní. Con el paso de los días, las manifestaciones se transformaron en un movimiento de protesta más amplio contra el régimen.
El gobierno iraní, por su parte, ha acusado sin presentar pruebas a Estados Unidos e Israel de estar detrás de las movilizaciones y ha amenazado con ataques preventivos. El comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), Mohammad Pakpour, aseguró que el país se encuentra en “el punto máximo de preparación” para responder a cualquier acción de sus enemigos, a quienes acusó de ser responsables de la muerte de jóvenes iraníes.
En paralelo, el miércoles se realizó un funeral multitudinario por cerca de 100 miembros de las fuerzas de seguridad fallecidos durante los disturbios. Decenas de miles de personas asistieron al acto, portando banderas iraníes y fotografías del líder supremo, Alí Jamenei. Los féretros, cubiertos con banderas nacionales y flores, fueron exhibidos en filas mientras persistía un ambiente de temor en varias zonas urbanas.
Aunque en algunos barrios la presencia de fuerzas antidisturbios disminuyó, agentes de seguridad vestidos de civil continuaban patrullando las calles, reflejando un clima de tensión e incertidumbre que sigue marcando la vida cotidiana en Irán.

