Por RFI.- Prosiguen este 4 de noviembre en el norte de Malí las operaciones para capturar a los hombres armados que asesinaron a sangre fría a los periodistas de Radio Francia Internacional Ghislaine Dupont y Claude Verlon. Los cuerpos de la periodista y del técnico de reportaje serán repatriados a Francia este martes.
Una sola evidencia este lunes sobre la muerte el fin de semana de los dos enviados especiales de RFI a cubrir las elecciones en Malí, Ghislaine Dupont y Claude Verlon: ambos fueron abatidos a sangre fría poco después de haber sido secuestrados en Kidal, al norte del país.
Pero por el momento no hay ninguna explicación a la razón que pudieron haber tenido los captores para perpetrar el doble asesinato.
Por lo general, el secuestro de ciudadanos franceses en la región desemboca en la solicitud de una recompensa. ¿Se trata de una venganza por la intervención militar francesa en ese país y por eso tomaron como blanco a dos periodistas de RFI? ¿Fue un gesto desesperado de los secuestradores al verse perseguidos por militares? Sólo la investigación podrá determinarlo.
En Malí y en Francia fueron abiertas investigaciones judiciales para esclarecer los hechos. Magistrados franceses ya están en camino hacia Bamako, la capital del país africano. Según informaciones de RFI, no confirmadas por fuentes oficiales francesas, varios sospechosos fueron detenidos la víspera, a unos 40 kilómetros de Kidal.
El ministro francés de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, dijo este lunes que el sábado, “cuando los militares franceses llegaron detrás de la camioneta” que transportaba a Ghislane Dupont y a Claude Verlon,
“vieron escapar a poca distancia, a unos 1.500 metros, a alguien, lo persiguieron pero no lo alcanzaron”. El canciller francés precisó al mismo tiempo que “actualmente no se sabe quién cometió esos asesinatos” y agregó que las autoridades “harán todo lo posible para encontrar a los asesinos, condenarlos, castigarlos”.
Kidal, una ciudad fuera de control
A pesar de los controles de las autoridades a la entrada de Kidal, la camioneta 4X4 en la que fueron secuestrados los dos periodistas de RFI logró salir de la ciudad, aparentemente sin mayores dificultades, y se dirigió hacia el noreste. El secuestro es una prueba más de que Kidal no es una ciudad segura.
Desde mediados del año pasado, esta localidad está oficialmente bajo control del Estado maliense. Un gobernador fue nombrado, se reabrió un banco y los servicios médicos públicos están funcionando.
También está la presencia “simbólica” de 200 soldados malienses que están apostados en un campamento a la salida de la ciudad pero que no disponen de grandes medios.
La seguridad de la localidad está oficialmente a cargo de las tropas de la Minusma (la Misión de la ONU en Malí), los cascos azules senegaleses, togoleses y guineanos, así como algunos hombres de la operación Serval (la fuerza francesa). La presencia de franceses en la zona es modesta ya que éstos combaten a los yihadistas en el desierto, no en las ciudades.
El Movimiento Nacional de Liberación del Azawad (MNLA, rebelión tuareg) sigue ocupando los locales de la gobernación. Las armas circulan a la vista de todos.
También han regresado en las últimas semanas los hombres de Ansar Dine en la más completa impunidad.
De hecho, un alto responsable maliense había afirmado hace unos días que el problema en Kidal es que “hay varios ejércitos”. Es en este contexto de anarquía que se produjo el doble crimen de los periodistas de RFI por terroristas.
Kidal, una ciudad fuera de control
A pesar de los controles de las autoridades a la entrada de Kidal, la camioneta 4X4 en la que fueron secuestrados los dos periodistas de RFI logró salir de la ciudad, aparentemente sin mayores dificultades, y se dirigió hacia el noreste. El secuestro es una prueba más de que Kidal no es una ciudad segura.
Desde mediados del año pasado, esta localidad está oficialmente bajo control del Estado maliense. Un gobernador fue nombrado, se reabrió un banco y hay servicios médicos públicos funcionando.
También está la presencia “simbólica” de 200 soldados malienses que están apostados en un campamento a la salida de la ciudad pero que no disponen de grandes medios.
La seguridad de la localidad está oficialmente a cargo de las tropas de la Minusma (la Misión de la ONU en Malí), los cascos azules senegaleses, togoleses y guineanos, así como algunos hombres de la operación Serval (la fuerza francesa).
La presencia de franceses en la zona es modesta ya que éstos combaten a los yihadistas en el desierto, no en las ciudades.
El Movimiento Nacional de Liberación del Azawad (MNLA, rebelión tuareg) sigue ocupando los locales de la gobernación. Las armas circulan a la vista de todos.
También han regresado en las últimas semanas los hombres de Ansar Dine en la más completa impunidad.
De hecho, un alto responsable maliense había afirmado hace unos días que el problema en Kidal es que “hay varios ejércitos”. Es en este contexto de anarquía que se produjo el doble crimen de los periodistas de RFI por terroristas.

