UN ESTADO COLAPSADO

Patricio Valdivieso Espinosa
pavevaldivieso@hotmail.com

La radiografía del Ecuador, identifica una economía por los suelos, con deudas impagables: tanto la externa, que crece desmesuradamente cada día más, tapando la inoperancia del régimen y cubriendo el desmedido gasto corriente; como la interna, que sigue quebrando a los proveedores impagos, agrandando el listado de comerciantes estafados y cientos de servidores que no pueden ser jubilados ni logran ser indemnizados. Una economía, incluso en la que ya no es posible hablar ni de austeridad porque no existen recursos, en la que, se levantan los alcaldes reclamando asignaciones presupuestarias para avanzar a pagar sueldos, pero siguen manteniendo todavía mucho personal sin actividades, teniendo en algunos casos, hasta la osadía de tramar concursos para desesperadamente vender más puestos y recobrar lo gastado en campaña.

Sin embargo, con todo pesar, la única realidad que se observa, es que los ciudadanos en general, por ahora seguimos manteniendo un Estado burocrático obeso y sin resultados, caotizado y sin salida, al borde del abismo; cuyas instituciones siguen estancadas en el pasado, brindando servicios básicos insuficientes, pero, con usuarios que, aun estando insatisfechos, se han acostumbrado a un ritmo de vida acomodaticio, en el que prima el: «dejar hacer, dejar pasar»; donde la inercia ciudadana, vuelve el entorno, en un camino tortuoso, y plasma un futuro sin aspiraciones, endosándoles desde ya a las generaciones venideras un calvario sin reacción.

Con toda esta penosa realidad, nos hemos puesto a pensar a dónde llegaríamos si seguimos siendo gobernados por ineptos e inescrupulosos políticos nacionales, provinciales y cantonales que se aprovechan de lo público, parcelando entre sus parientes, amigos y círculo vicioso la escuálida contratación pública existente. A dónde vamos a parar, si seguimos siendo gobernados por autoridades vinculadas con estafas, coimas, sobornos, venta de puestos, que cuando son observados ni se inmutan, porque tienen comprada la impunidad, que les afianza continuar en una vía expedita para seguir delinquiendo sin preocuparse, más aún, cuando han perdido la noción de la más mínima conciencia humana.

Si las cosas siguen así como están, en algo si estamos claros: el país no se salva ni con una «correa» que amarre, golpee o amenace, a través de sus siervos lelos; ni con un laso ciego que siga apretando

sin sentido un sistema financiero. Debemos ver más allá de las simples ofertas, para evitar que nos vuelvan a engañar, identificando plenamente cuál es el trasfondo que contiene cada propuesta. Nunca olvidemos que con el tiempo todo cae por su propio peso, y si ahora tenemos un Estado colapsado, recordemos que, no sólo es por culpa de los malos gobiernos ni de sus ambiciosos gobernantes, también debemos entender, que el país va de tumbo en tumbo, camino al fango, por el quemeimportismo aplicado por quienes conformamos el indiscutible grupo de los malos electores.

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