Ecuador. (Pablo Sanmartín Rodríguez).- La escalada comercial entre Ecuador y Colombia suma un nuevo episodio tras la decisión del Gobierno de Daniel Noboa de elevar al 100% la tasa de seguridad a las importaciones provenientes del país vecino. La medida, que regirá desde el 1 de mayo de 2026, fue justificada por el Ministerio de Producción, Comercio Exterior e Inversiones ante la falta de acciones “concretas y efectivas” de Colombia en materia de seguridad fronteriza.
El incremento arancelario, que duplica el gravamen vigente del 50%, profundiza un conflicto comercial que se arrastra desde hace más de dos meses. La disputa comenzó el 1 de febrero con una sobretasa del 30%, escaló al 50% en marzo y ahora alcanza su punto más alto, sin señales de una tregua cercana.
El impacto económico ya genera preocupación en el sector productivo. Según Freddy Cevallos, titular de la Cámara de Comercio Ecuatoriana Colombiana (Camecol), el efecto será inmediato: los cerca de 1.900 millones de dólares en importaciones desde Colombia podrían duplicar su costo, alcanzando los 3.800 millones. El dato resulta crítico si se considera que aproximadamente el 60% de estos productos corresponde a materias primas esenciales para la industria ecuatoriana.
El encarecimiento de insumos plantea un escenario complejo para los productores locales, quienes enfrentarán dificultades para sostener sus operaciones. Las alternativas —detener la producción o buscar proveedores sustitutos— no ofrecen soluciones inmediatas, lo que podría traducirse en una contracción industrial y presión sobre los precios internos.
En paralelo, la tensión política sigue alimentando el conflicto. Las relaciones entre Daniel Noboa y Gustavo Petro se han deteriorado en medio de desacuerdos sobre seguridad, narcotráfico y soberanía, reduciendo el margen para una solución diplomática a corto plazo.
Desde el sector empresarial, se advierte que una eventual salida podría depender del escenario político en Colombia. Cevallos señala que las elecciones presidenciales previstas para julio de 2026 serán determinantes: un gobierno alineado con Quito podría reactivar negociaciones rápidamente, mientras que un resultado opuesto prolongaría la incertidumbre.
Así, la crisis comercial no solo redefine el intercambio bilateral entre dos socios históricos, sino que también introduce un factor de riesgo estructural para la estabilidad económica regional.

