Loja. (Lindon Sanmartín Rodríguez).- La ciudad de Loja se encuentra en un punto de inflexión dice Pablo Sanmartín Rodríguez, Director de Expresión Politika de la alianza de medios diario La Hora, S. R. Radio y radio Planeta 106.1, al referirse a la auto convocatoria de dirigentes barriales, motivada por una serie de anomalías en la gestión municipal, busca recuperar el control de las Juntas de Desarrollo Barrial.
Este movimiento no es casual; señala Pablo Sanmartín Rodríguez, esta es la respuesta a un sistema que, durante casi 30 años, ha operado sin sustento jurídico ni legitimidad, tal como lo estableció en su momento la administración del Dr. José Bolívar Castillo para controlar la participación social.
El Detonante: La Ordenanza del SITU y la Falta de Transparencia
Pablo Sanmartín Rodríguez, puntualiza que el catalizador de esta movilización ha sido la aprobación de la ordenanza del Sistema Integrado de Transporte Urbano (SITU). Esta ordenanza, que impacta directamente en el bolsillo del ciudadano con el incremento del pasaje, fue redactada y aprobada de forma unilateral, saltándose el procedimiento parlamentario y sin la debida socialización.
Pablo Sanmartín Rodríguez dice que la ausencia de una línea histórica del proyecto y la falta de publicación en el Registro Oficial antes de su ejecución, evidencian una inseguridad jurídica y documental preocupante en el cabildo.
Una Dictadura Dirigencial y la Ausencia de Control Político
Pablo Sanmartín Rodríguez, extiende su crítica a la actual dinámica de las Juntas de Desarrollo Barrial, descrita como una «dictadura dirigencial» donde se invita y desecha a quienes convienen, silenciando a quienes «hacen mucho ruido«.
Esta situación, sumada a la inacción de la Jefatura de Promoción Popular en la socialización de ordenanzas clave, subraya la necesidad urgente de un control político efectivo dentro del cabildo.
Propuestas para una Participación Ciudadana Genuina
Frente a este panorama, Pablo Sanmartín Rodríguez recuerda la propuesta del barrio 18 de Noviembre: la creación de un cabildo barrial urbano parroquial ad honorem.
Este organismo, sin costo económico para el contribuyente, asumiría la tarea de regular la discusión parlamentaria y la socialización de temas, con la Jefatura de Promoción Popular actuando como su ente administrativo.
La idea es que los dirigentes barriales, y no la alcaldía o los concejales, sean el cuerpo administrativo que canalice las necesidades y propuestas de la ciudadanía hacia el cabildo, asevera.
La Fiscalización como Herramienta de Cambio
La discusión también ha puesto de manifiesto la importancia de la fiscalización subraya Pablo Sanmartín Rodríguez, además ha recordado que los gobiernos seccionales, a pesar de su autonomía, pueden y deben ser fiscalizados, incluso por la Comisión de Gobiernos Autónomos Descentralizados de la Asamblea Legislativa.
La posibilidad de auditar administraciones anteriores, como la del ingeniero Rafael Dávila Egües, y contratos de vialidad, así como el plan maestro de agua potable que ha «diezmado la economía del pueblo de Loja», abre una ventana a la rendición de cuentas y a la lucha contra el «vampirismo» que ha afectado a la provincia, argumenta Pablo Sanmartín Rodríguez.
Irregularidades en el SIMER: Un Caso Emblemático
Un ejemplo claro de la falta de control y la corrupción es el caso de las tarjetas SIMERT. Denuncias sobre la venta de tarjetas falsificadas, que ya fueron presentadas en la administración de Patricia Picoita, no han sido atendidas por el cabildo.
La propuesta de digitalizar el SIMERT, sin la debida transparencia sobre la tecnología y los costos, genera preocupación de que se convierta en otro «negociado» que beneficie a particulares en detrimento de la ciudad.
La exigencia es clara: la tecnología del SIMERT debe ser propiedad del gobierno municipal, no concesionada a terceros con condiciones leoninas.
Unidad y Conocimiento
Pablo Sanmartín Rodríguez señala que la auto convocatoria de los dirigentes barriales es un paso fundamental para exigir información y transparencia.
Es un llamado a la unidad de la juventud y la experiencia, a la participación de la intelectualidad lojana y a la reevaluación de un modelo de democracia participativa que ha permitido la perpetuación de figuras políticas sin una evaluación real de su gestión.
La ciudad de Loja demanda un cambio estructural, donde el conocimiento y la fiscalización ciudadana sean los pilares de un gobierno municipal verdaderamente al servicio de su gente.

