Revolución Ciudadana: ¿Purga o Reconocimiento de Corrupción?

Loja. (Lindon Sanmartín Rodríguez).- La Revolución Ciudadana (RC5), ha solicitado a la justicia el levantamiento de una suspensión de nueve meses, al tiempo que sus representantes anuncian la búsqueda de militantes «sin líos con la justicia» para las próximas elecciones seccionales convocadas por el Consejo Nacional Electoral.

El Director de Expresión Polítika Pablo Sanmartín Rodríguez dice que esta declaración, sin embargo, ha generado un debate y cuestionamientos sobre la probidad e idoneidad de la militancia de la RC5, especialmente cuando gran parte de sus miembros están siendo investigados por la justicia ecuatoriana.

Puntualiza que la calidad de la adherencia, no se limita a la afiliación o participación en reuniones, sino que se extiende a los valores éticos y morales que deben regir la vida de un adherente.

Recuerda que la frase «quien defiende a Correa es porque le gusta y practica lo que hace Correa», pronunciada por los propios correítas, ha sido interpretada como un reconocimiento implícito de la corrupción dentro del movimiento. En otras palabras, al buscar militantes «sin líos con la justicia», estarían admitiendo que su movimiento está «contaminado».

Esta situación ha llevado a la reflexión sobre la frase «quien respalda el socialismo es porque le gusta la corrupción», especialmente considerando que la mayoría de los actos juzgados no involucran solo a mandos medios, sino a líderes desde el militante de base hasta figuras prominentes como el señor Correa y el señor Lenin Moreno, incluyendo a sus cónyuges, familias enteras, asambleístas, alcaldes y prefectos que han operado bajo la «sombrilla del socialismo del siglo XXI». Incluso un ex integrante del Consejo Nacional Electoral, condecorado en su momento, se ve afectado por estos señalamientos de corrupción que, según se afirma, están diezmando las bases del correísmo.

La Revolución Ciudadana ahora hace un llamado a la ciudadanía para que aquellos «sin mancha en su hoja de vida» se presenten a través de este movimiento. Sin embargo, surge la pregunta de qué persona sensata y cuerda se uniría a «huestes corrompidas» por temas de corrupción y violación de derechos. La limitación, en este momento, no es legal, sino de virtud, ya que se busca una hoja de vida limpia, más allá de cualquier titulación.

La búsqueda de candidatos «sin líos judiciales» por parte de los correítas está sentenciando a sus propios militantes que se están desafiliando. Se ha observado, por ejemplo, el caso de una aspirante a prefecta en la provincia de Esmeraldas que no es aceptada debido a cuestionamientos sobre su conducta. Esta situación evidencia que la «espada de Damocles» ha caído sobre el correísmo, forzándolos a una «purga» o, al menos, a un reconocimiento de los problemas judiciales que enfrentan.

La ley moral y ética debe prevalecer sobre la «ley de la barbarie» en la política. La estrategia de buscar candidatos «sin líos con la justicia» ha puesto la «lápida» al prófugo en Bélgica, condenándolo implícitamente y restándole credibilidad. Incluso el primer asambleísta de Loja enfrenta problemas judiciales y se le ha levantado la inmunidad para declarar sobre un tema de magnicidio, lo que demuestra que la curul de Loja no está bien representada.

En definitiva, la Revolución Ciudadana se encuentra en una encrucijada, donde su búsqueda de nuevos rostros «limpios» es interpretada como un reconocimiento de la profunda corrupción que ha permeado sus filas, sentenciando a sus propios líderes y desafiando la credibilidad de su movimiento.

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