Washington. (Pablo Sanmartín Rodríguez).- Estados Unidos e Irán acordaron un alto el fuego de dos semanas a última hora del martes, en un movimiento diplomático de última hora que evitó una escalada mayor del conflicto en Medio Oriente. El acuerdo se alcanzó apenas una hora antes del plazo fijado por el presidente estadounidense, Donald Trump, quien había amenazado con intensificar los ataques contra infraestructura clave iraní.
El anuncio incluye la reapertura del estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el transporte global de petróleo, cuya interrupción había generado preocupación en los mercados internacionales.
Según Trump, la suspensión de los ataques está condicionada a que Irán garantice la apertura “completa, inmediata y segura” del estrecho. El mandatario comunicó la decisión a través de su plataforma Truth, marcando un giro respecto a sus declaraciones previas, en las que advertía sobre consecuencias devastadoras.
Por su parte, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán confirmó su aceptación del alto el fuego y anunció el inicio de negociaciones con Estados Unidos en Islamabad. El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, indicó que el tránsito por el estrecho será permitido bajo supervisión militar iraní.
No obstante, ni Washington ni Teherán han precisado el momento exacto en que comenzará la tregua. De hecho, durante las primeras horas del miércoles continuaron registrándose ataques en Israel, Irán y varios países del Golfo, evidenciando la fragilidad del acuerdo.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, señaló que su país acepta el alto el fuego, aunque advirtió que este no incluye necesariamente a Líbano. Sin embargo, mediadores internacionales sostienen que el pacto contempla el cese de hostilidades entre Israel y el grupo Hezbolá en territorio libanés.
Entre los puntos más sensibles del acuerdo figura el programa nuclear iraní. Mientras la versión en farsi del plan menciona la “aceptación del enriquecimiento”, esta referencia no aparece en los documentos en inglés distribuidos a la prensa, lo que refleja posibles discrepancias en la interpretación del pacto.
Asimismo, el acuerdo permitiría a Irán y Omán cobrar tasas a los buques que transiten por el estrecho de Ormuz, ingresos que Teherán destinaría a la reconstrucción tras los daños causados por el conflicto.
En paralelo, Irán ha exigido la retirada de fuerzas militares estadounidenses de la región, el levantamiento de sanciones económicas y la liberación de activos financieros congelados como condiciones para avanzar hacia una paz más duradera.
A pesar del anuncio, la violencia persiste. Ataques recientes han impactado infraestructuras clave, incluyendo puentes, estaciones de tren y una instalación energética en Abu Dabi. Además, se han activado alertas de misiles en países como Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Bahréin y Kuwait.
El conflicto ha dejado un saldo humano significativo. Más de 1.900 personas han muerto en Irán desde el inicio de la guerra, mientras que en Líbano se registran más de 1.500 fallecidos y más de un millón de desplazados. También se reportan víctimas en Israel, territorios palestinos y entre fuerzas estadounidenses.
Aunque el alto el fuego representa una oportunidad para reducir tensiones, los enfrentamientos en curso y las diferencias entre las partes mantienen en vilo a la comunidad internacional, que observa con cautela la evolución de uno de los conflictos más sensibles de la actualidad.









