(Redacción Pablo Sanmartín Rodríguez).- El presidente de Rusia, Vladímir Putin, calificó como un “asesinato cometido en cínica violación de todas las normas de la moral humana y del derecho internacional” la muerte del líder supremo de Irán, Alí Jamenei.
En un telegrama oficial publicado por el Kremlin y dirigido al presidente iraní, Masoud Pezeshkian, el mandatario ruso expresó sus condolencias y destacó el papel de Jamenei en el fortalecimiento de la asociación estratégica entre Moscú y Teherán.
“En nuestro país, el ayatolá Jamenei será recordado como un destacado estadista que hizo una enorme contribución personal al desarrollo de las amistosas relaciones ruso-iraníes”, afirmó Putin.
Confirmación oficial y condena diplomática
Jamenei murió el 28 de febrero durante ataques estadounidenses e israelíes contra su residencia. Aunque la noticia comenzó a circular horas después del bombardeo, las autoridades iraníes no confirmaron oficialmente el fallecimiento hasta la noche del 1 de marzo, cuando además decretaron 40 días de luto nacional.
El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso condenó la operación militar conjunta de Estados Unidos e Israel, calificándola de “acto de agresión armada planificado de antemano y no provocado contra un Estado miembro de la ONU soberano e independiente”.
Moscú advirtió que la ofensiva podría acercar a la región a una “catástrofe humanitaria, económica y, sin excluirla, radiológica”, y exigió un retorno inmediato a una solución política y diplomática.
Llamado a evacuación de ciudadanos rusos
La Cancillería rusa instó a sus ciudadanos a abandonar Irán e Israel si es posible. Recomendó salir de territorio iraní a través de Azerbaiyán y Armenia, mientras que desde Israel sugirió rutas por Egipto y Jordania.
Asimismo, pidió a los rusos que permanezcan en la región evitar lugares concurridos y limitar desplazamientos no esenciales ante el deterioro de la seguridad.
Impacto estratégico para Moscú
Más allá de la condena diplomática, la crisis en Irán representa un desafío estratégico para Rusia. Teherán ha sido uno de los aliados clave del Kremlin en los últimos años, especialmente bajo el régimen de sanciones occidentales.
El corredor de transporte Norte-Sur, que atraviesa territorio iraní, se ha convertido en una ruta vital para Moscú, al permitir el comercio alternativo ante las restricciones impuestas en Europa y otras vías marítimas.
Según el analista Nikita Smagin, autor del libro Irán para todos, la inestabilidad podría poner en riesgo proyectos energéticos, inversiones en petróleo y gas, así como la construcción de infraestructuras estratégicas, incluida una central nuclear rusa en Irán.
Un eventual cambio de régimen en Teherán también representaría un escenario complejo para Moscú. “Es casi seguro que un nuevo gobierno desconfiaría de Rusia o sería abiertamente antirruso”, advirtió Smagin, subrayando el respaldo político y militar que el Kremlin brindó al liderazgo anterior.
Incertidumbre regional
La muerte de Jamenei abre una etapa de incertidumbre política en Irán con posibles repercusiones en el equilibrio de poder en Medio Oriente, el Cáucaso y Asia Central. Para Rusia, la estabilidad iraní no solo tiene implicaciones diplomáticas, sino también logísticas, energéticas y militares.
En este contexto, la postura firme de Putin refleja tanto una condena política como una señal de preocupación estratégica ante un escenario que podría redefinir la arquitectura de seguridad regional.