Loja. (Lindon Sanmartín Rodríguez).- En una reveladora entrevista para el programa «Expresión Politika», el Arq. David Brito calificó la actual administración de transición del Municipio de Loja como «medio vergonzosa». Según el experto, la institución atraviesa una crisis de identidad técnica, donde la improvisación en las jefaturas y la falta de indicadores de desempeño han convertido a la entidad en un «cuello de botella» que asfixia el desarrollo de la ciudad.
Una estructura técnica sin brújula
David Brito señala que el Municipio de Loja sufre de una dependencia absoluta de personal de planta que no ha sido evaluado por competencias. «Tenemos direcciones nominalmente técnicas, pero sin formación actualizada», denunció.
Esta carencia de profesionalismo en áreas clave como urbanismo, catastro y planificación ha destruido la seguridad jurídica, generando criterios contradictorios que ahuyentan la inversión privada y estancan trámites vitales para el ciudadano.
Ordenanzas: El garrote tributario contra el ciudadano
Uno de los puntos más críticos analizados es el enfoque de la legislación local. Según Brito, las ordenanzas aprobadas por el Cabildo carecen de visión territorial y poseen un «eminente sesgo tributario». La normativa no busca ordenar el suelo ni incentivar la inversión, sino llenar las arcas municipales para sostener el gasto corriente y la creciente burocracia.
El arquitecto puso como ejemplo el atropello que representa la actualización del impuesto predial cada dos años. «Loja se está volviendo una ciudad cara por la especulación y un catastro que solo se actualiza en valores, pero no físicamente», afirmó. Esta política ha convertido al contribuyente lojano en un «esclavo económico» del ayuntamiento.
Obras sin futuro y proyectos obsoletos
La incapacidad de gestión internacional y la falta de proyección histórica son evidentes en proyectos emblemáticos. David Brito recordó que obras como el Terminal Terrestre y el Parque Industrial —este último inoperante tras 45 años— debieron ser replicadas o modernizadas hace décadas. Mientras tanto, el «Puerto Comercial» es descrito como una simple «pampa para vender en el suelo», lejos de los estándares de infraestructura que Loja requiere para el siglo XXI.
En definitiva, el diagnóstico de David Brito es una alerta sobre el debilitamiento institucional de un Municipio de Loja que parece gobernado por un «grupito de apóstoles» que priorizan el interés recaudatorio sobre el progreso urbano y social.
Falta de planificación urbana
La ciudad de Loja atraviesa un momento crítico en su crecimiento. Lo que para muchos es una crisis de recursos, para expertos y profesionales del libre ejercicio es, en realidad, una profunda carencia de decisión política y gestión institucional. A pesar de contar con estudios técnicos desde finales de los años 90, la planificación urbana de la ciudad parece haber sido relegada al olvido, priorizando el populismo de vivienda sobre la infraestructura técnica.
Proyectos engavetados
Desde 1998, la academia ha entregado al municipio estudios completos para proyectos de gran envergadura, como el puerto comercial inspirado en modelos internacionales como MercaMadrid. Sin embargo, estas propuestas han quedado en el papel. Un ejemplo fehaciente es el mercado proyectado junto a la iglesia del Divino Niño en 2002; una obra que, tras expropiaciones y diseños terminados, nunca se ejecutó, privando a los barrios occidentales de un centro de abasto necesario.
«No es la carencia de ideas, es la falta de gestión. Los recursos existen, pero se desvían a fortalecer medidas represivas en lugar de obra pública», señala el análisis técnico, haciendo hincapié en que la ciudad ha crecido de espaldas a las consultorías técnicas, como la de 1989, que ya marcaba directrices de desarrollo hacia la avenida Pío Jaramillo.
El «boom» descontrolado y el populismo de vivienda
La evolución de Loja muestra un cambio drástico desde 1984, cuando las montañas circundantes carecían de edificaciones. El crecimiento explosivo entre los años 2000 y 2010, impulsado por la migración y lo que analistas denominan «populismo de vivienda», saturó el suelo urbano sin dotación de servicios básicos.
Esta falta de planificación urbana integral ha derivado en problemas geológicos actuales. El uso de fosas sépticas y conexiones precarias de agua han saturado el terreno, generando fallas que hoy amenazan la estabilidad de diversos sectores. La ciudad, que antes se contenía entre los ríos, ahora enfrenta una escasez de suelo apto, obligando a replantear un crecimiento en altura que las normativas aún no terminan de digerir.
La deuda de la autoridad
El diagnóstico es claro: Loja ha tenido los planos para ser una ciudad modelo, pero la complicidad política y los intereses particulares han primado sobre el ordenamiento. Desde instituciones educativas que se niegan a salir del centro histórico hasta bancos que ignoran normas de seguridad vial, la autoridad ha fallado en ejercer su rol regulador. La planificación urbana no solo requiere de arquitectos, sino de gobernantes capaces de ejecutar las líneas ya trazadas para el bienestar colectivo.
Crisis del agua en Loja: El colapso inminente de una ciudad
El cantón Loja se encuentra en una paradoja alarmante: posee fuentes hídricas privilegiadas, pero sufre un desabastecimiento crónico. La falta de una institucionalidad sólida y técnica en la Unidad Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (UMAPAL), sumada a décadas de negligencia política, ha puesto fecha de caducidad al servicio: el año 2030. Según expertos y arquitectos locales, si no se realiza una inversión urgente de al menos 130 millones de dólares, la ciudad enfrentará un colapso social y sanitario sin precedentes.
El Plan Maestro: Un fracaso de 100 millones
A pesar de las millonarias inversiones realizadas en el pasado, el denominado «Plan Maestro de Agua Potable» es hoy un símbolo de ineficiencia. Se estima que el 30% del agua ya potabilizada se pierde antes de llegar a los hogares debido a filtraciones, tuberías obsoletas y conexiones clandestinas. «Estamos gastando más en parches que en soluciones definitivas», señalan los críticos, quienes denuncian que sectores como El Plateado se han convertido en lagunas debido a la saturación del suelo por falta de colectores marginales funcionales.
La infraestructura actual no solo falla en la provisión, sino también en el tratamiento. Los colectores de los ríos Malacatos y Zamora están colapsados, provocando que los hundimientos de vías sean comunes tras cada aguacero, evidenciando que las obras superficiales ignoran el daño estructural subterráneo.
La ausencia de fiscalización y el silencio de la academia
El análisis apunta directamente a la responsabilidad política. Concejales y legisladores son cuestionados por su incapacidad para fiscalizar técnicamente los contratos de agua. «Llegan al cargo desconociendo el tema y se niegan a contratar asesoría especializada», se critica desde el sector profesional. Mientras tanto, exautoridades responsables de la debacle administrativa hoy regresan a las urnas blindados por la prescripción de sus actos.
Por otro lado, la academia lojana es señalada por su «letargo». A pesar de existir convenios marco con las universidades locales, su aporte se percibe como «proyectos de vitrina» que no resuelven la problemática de fondo, como la recuperación de quebradas que han sido rellenadas para urbanizaciones ilegales, alterando el ciclo hidrológico de la ciudad.
Hacia una nueva institucionalidad hídrica
La solución propuesta no es solo cemento y tubería, sino la creación de un Poder Institucional para el Recurso Hídrico. Esto implica:
- Protección de humedales y cuencas como activos estratégicos.
- Reposición total del Plan Maestro con tecnología de punta.
- Fiscalización ciudadana activa para evitar que la «hombría de bien» se pierda ante intereses electorales.
Loja no puede seguir viviendo del espejismo de ser una «capital cultural» mientras sus cimientos básicos se desmoronan. La crisis del agua en Loja es, en última instancia, una crisis de dignidad y futuro.







